Encontramos nuestro vagón mientras un agudo silbido suena a lo lejos. De repente, un movimiento nos empuja y comienza el traqueteo inconfundible bajo nuestros pies, miramos a nuestro alrededor y el paisaje cobra vida. Entonces tomamos asiento porque nuestro viaje ha comenzado.
Entradas

02 febrero, 2013

GRANDES ESTACIONES: GRAND CENTRAL, NUEVA YORK


Este mes de febrero se celebra el centenario de una de las estaciones más famosas del mundo, la estación central de Nueva York. Protagonista en incontables ocasiones, vivió su época dorada allá por los cincuenta y atravesó tiempos difíciles en los setenta para, finalmente, recuperar su identidad por todo lo alto e incluso desvelar algún secreto escondido.

Primera estación de
estilo victoriano, N.Y. 1871
En pleno centro de Manhattan, en la calle 42 con Park Avenue, se alza la mayor estación del mundo por número de plataformas, 44 andenes, con 67 vías distribuidas en dos niveles, ambos bajo tierra, que transportan un tren cada 58 segundos durante la hora punta. El edificio, obra de los estudios Warren & Wetmore y Reed & Stem, fue declarado marca de la ciudad en 1967 por ser capaz de transmitir en sí mismo el genuino espíritu neoyorquino. Pero este no ha sido sino el tercero de los edificios levantados. La originaria estación de Nueva York abrió sus puertas en octubre de 1871, si bien la primera línea que llegara a la ciudad lo hiciera cuarenta años antes. En aquellos tiempos un techo de cristal (llamado cubierta férrea) cubría las plataformas y vías. Más tarde, entre 1899 y 1900, la terminal fue derribada para dar paso a la nueva fachada. El diseño original tenía el edificio principal para pasajeros y oficinas en forma de "L" con un ramal de este a oeste en la calle 42, y otro norte-sur en la avenida Vanderbilt. Este espacio fue rediseñado para cambiar el sentido con mayor rapidez. Llevó diez años de costosas obras trazar y electrificar las vías, las cuales se sitúan a una media de 9 metros bajo el nivel del suelo. Su construcción se complicó dada la necesidad de mantener el servicio ferroviario ininterrumpido a los cerca de 100 mil pasajeros que la utilizaban diariamente. La nueva terminal incluía un sistema de señales totalmente eléctrico, único en Estados Unidos, y la línea más extensa jamás electrificada. Con todas las modificaciones y mejoras, al mediodía del dos de febrero de 1913 abría oficialmente la nueva terminal Grand Central con una gran fiesta a la que asistieron más de 150.000 personas. 
En 1914 el escultor francés Jules-Alexis Coutan creó para el centro de la terminal un enorme reloj de casi 15 metros de altura con un dial de 4 metros de ancho. Es el mayor ejemplo de cristal Tiffany del mundo, guarecido por las esculturas de Mercurio, Hércules y Minerva que desde entonces presiden la fachada de la estación. Otro objeto bien conocido por sus visitantes es el reloj de ópalo ubicado sobre la caseta de información en el centro del vestíbulo principal. Un punto de referencia para innumerables citas que se ha convertido en el icono de la estación.
Aunque tal vez algunos de sus más valiosos tesoros se encuentran escondidos de la vista de todos. M42 es el nombre con el que se conoce al sótano secreto que contiene los convertidores de corriente continua y alterna que suministran electricidad a la estación. Durante la Segunda Guerra Mundial, estas instalaciones se guardaron celosamente porque se temía un sabotaje que impidiera el movimiento de las tropas. En otra zona restringida permanece un viejo vagón de acero blindado: es el convoy personal del presidente F. D. Roosevelt, el cual usaba para entrar y salir de la ciudad sin ser descubierto.
Tras una inversión de 250 millones de dólares, la actual estación neoyorquina luce en todo su esplendor. Las obras de restauración finalizadas en 1998 dejaron al descubierto el techo original del vestíbulo principal (de 38 metros de altura), decorado con motivos astronómicos. Se descubrió que no fue la polución sino la nicotina la que mantenía oculto semejante fondo hoy día iluminado con fibra óptica. Asimismo, se construyó una escalera en la zona este, se convirtió la sala de espera en un centro de exposiciones y se añadieron más de seis mil metros cuadrados de espacio comercial en la planta baja. Un total de cien comercios, la mitad de ellos dedicados a la hostelería, que ingresan unos 170 millones dólares al año, lo que lo convierte en el centro comercial más rentable por metro cuadrado de todo el país.
Muchas de las oficinas y hoteles cercanos a la terminal junto con las estaciones de metro adyacentes, están conectadas a Grand Central por pasajes subterráneos repletos de tiendas creando una verdadera ciudad dentro de la misma urbe, un centro de transporte integrado orientado al tránsito de pasajeros. El complejo original incluía el hotel Comodore (ahora hotel Grand Hyatt), y un edificio de oficinas (la torre Metlife actualmente), además fue el motivo por el que el edificio Chrysler fue construido en el barrio. Incluso la cadena CBS durante más de veinte años tuvo sus estudios sobre el vestíbulo principal de la estación.
A mediados del siglo pasado cerca de 65 millones de personas, (el 40% de la población americana), viajaba a través de Grand Central. A partir de entonces los viajes en tren perdieron empuje debido a los subsidios que el gobierno dedicaba a impulsar las autopistas y el tráfico aéreo entre ciudades. Actualmente, su tránsito supera el medio millón de personas al día, de los que una cuarta parte pone en circulación más de 600 trenes diarios. Aunque los trenes Amtrak de largo recorrido no dejaron de llegar a Grand Central hasta principios de los noventa, para entonces la reputación de la empresa Metro-North en cuanto a puntualidad en servicios de cercanías había transformado el papel de la terminal como centro clave del transporte urbano. Y es que esta compañía ferroviaria creada en 1983 para consolidar las operaciones de las líneas que discurrían en Grand Central se ha convertido en el servicio de cercanías de ferrocarril más grande de los Estados Unidos.
Gran Central East Side access

La estación Grand Central de Nueva York no solo es un moderno centro de transporte ferroviario sino que forma parte del documento histórico y social de la ciudad americana. Dentro de unos años, cuando la nueva estación ferroviaria de Long Island se inaugure, bajo los niveles existentes, la estación Grand Central dispondrá de un total de 75 vías y 48 andenes. Hasta entonces, esta terminal neoyorquina seguirá acogiendo a viajeros y visitantes dispuesta a cumplir otra centuria.

Más información: